viernes, 31 de octubre de 2014

CONCLUSIÓN

Las bajas en los combates terrestres ascendieron a varios millones de personas pertenecientes a la población civil y que, en algunos casos, fallecieron indirectamente a causa de la contienda. 
A pesar de que todas las naciones confiaban en que los acuerdos alcanzados después del conflicto devolverían la paz mundial sobre unas bases buenas, las condiciones impuestas promovieron un conflicto aún más destructivo. 

Cada año se gasta en el mundo cerca de un billón de dólares (un millón de millones) en armamentos, tanto convencionales como nucleares. La cifra mundial de gastos bélicos aumenta aproximadamente en 3% cada año. 

La afirmación de que la carrera de armamentos más que garantizar la paz, la amenaza, se ha comprobado. Además, las transferencias masivas de armas pueden contribuir a prolongar innecesariamente aquellos conflictos armados existentes o latentes.


A lo largo de unos 250.000 años nuestros antepasados inventaban ya toscas armas que empleaban contra los animales y contra sus semejantes la historia de esas armas ha sido la historia de la progresión constante de su invención, de su mejoramiento y de su perfeccionamiento, lograda con tal maléfico propósito que queda preguntarse si no es el cerebro humano el arma más peligrosa.

Es claro que la carrera de armamentos genera muchos problemas, pues pone en riesgo la paz, evita que los recursos lleguen a los más necesitados y lo peor, provoca miles de muertes de inocentes.

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